Quien les escribe, Juana, es psicóloga, pero no por eso entiende mejor a los hombres. De hecho ha sufrido por amor como la mayoría de nosotras, y mucho. Se nutrió de la fuerza de su familia y amigas para salir adelante, y acá la ven, llevando adelante una nueva relación, pero sin perder de vista a sus amigas, porque aprendió lo valioso de la amistad, y que hay que cuidarla sea cual fuere la situación sentimental en la que uno se encuentra, ya que es nuestro cable a tierra. Es por esto que siempre desaconseja, tanto a sus pacientes como a sus amistades, el alejarse de los amigos cuando empieza una relación amorosa. Si esa relación tiene la mala fortuna de terminar, y encima uno se quedó sin amigos en el camino, la pérdida se vuelve insondable.
Juana se introdujo al grupo a través de su prima, Vale (Vale de Valentina, como le gusta aclarar), quién realmente compartió sus años de colegio con otra de las chicas. Vale es maestra jardinera, tiene adoración por los niños (casi diría que por los niños más creciditos también, al igual que su prima). Le gusta mucho cantar, y cuanto más melódica y pegajosa la canción, mejor para ella. A sus alumnos los lima haciéndolos escuchar un popurrí impensable de canciones que nadie logra a entender cómo puede ser que juntas formen parte de un mismo cd. Es una persona paciente, bondadosa, y muy familiera (por lo que soy afortunada de formar parte de su familia). Para bendición del grupo completo, sus amigas para ella también son familia.
Dentro del rubro del magisterio tenemos también a Etelvina, que trabaja con Vale, y a partir de un viaje que compartió con el grupo, quedó también como “fija”. Ella es una de nuestras privilegiadas amigas de piernas largas, que ha ido ascendiendo en su vida laboral, ya que ahora es jefa de Vale, y vive en un departamento soñado lleno de sillitas de colección (uno de sus hobbies). Ha tenido un par de relaciones importantes en su vida que llegaron a su fin, y en este momento se encuentra sola, aunque hace algunos meses decidió explorar el planeta del “decir que si y ver qué pasa”, por el momento no pasó demasiado, más que algunas salidas con la persona menos pensada, y alguna que otra cita a ciegas, pero seguimos esperando. Es amante de la fotografía, y también ha incursionado en el mundo de la pintura, aunque se muestra tímida en cuanto a esto último. En su blog de fotos puede apreciarse todo su talento, tiene unas fotos divinas.
Rosita, quién fue al colegio con Vale, es nuestra artista plástica. Rosita, valga la redundancia, sufre de Rosácea, y esos cachetitos de Heidi que todas adoramos son una parte importante de su encanto. Es, al igual que yo, una fiel defensora de la ortografía, ya que ambas sufrimos al punto de querer arrancarnos los ojos, cuando vemos una palabra mal escrita. Son muy pocas las veces que la llamamos por su verdadero nombre, ya que es la chica de los mil apodos, y todos le sientan de maravillas. Es la más “sweety” del grupo. Aunque quiera formar parte de la nueva movida, llamada “El levantamiento de los Togas”, no puede dejar atrás su dulzura. Sólo puede rozar el borde de la movida cuando ha tomado más alcohol del que debería y hace su metamorfosis, dejando de ser Rosita para convertirse en “Happy feet”.
Al grupo de amistades del colegio (el verdadero) de Rosita y Vale, se sumó en algún momento Maia, pero no tengo muy claro como fue. Esto irán viendo a lo largo de las presentaciones, que me pasa con varias de las “Atilias. Hay muchas de las conexiones que no entiendo ni yo, que soy parte del grupo. En fin, Maia vivió gran parte de su vida en San Juan, y en algún momento se vino para acá y entabló amistad con el grupo de amigas de Rosita y Vale. Es una de las deportistas del grupo, le encantan las maratones. Es una persona sumamente buena, siempre está pensando en los demás. Por ejemplo, puede pasar por un negocio, ver algo que por algún motivo le recuerda a vos, y comprarlo para regalártelo, así, de la nada. Nuestra amiga Maia es odontóloga, así que se encuentra pululando conmigo dentro de la rama de la salud. Nos gusta llamarla en ocasiones, “Látigo Coyi”, ya que al son de la música, hay unos movimientos extraños que se apoderan de su cuerpecito, y pareciera que estuviera repartiendo azotes.
Maia tiene una hermana menor, llamada Martina. Creo que ingresó al grupo a través de Maia (¿o fue al revés?). Martina es arquitecta. En realidad es gracias a ella que surgió el nombre de nuestro colegio ficticio, ya que nombró a su auto “Atilio Venegas”. Es una persona emprendedora, divertida, y sobre todo, con unas pilas que nunca se consumen por completo, y que se recargan con una velocidad record. Siempre está bien dispuesta, se prende en todas, y tiene una sonrisa para llevar adonde vaya. Por lo general, ella es aparte la que propone. Tiene un estilo muy simple y clásico, y sin embargo, siempre está diosa, incluso ( ¿o debería decir sobre todo?) cuando toma sol en bombacha. Le gusta jugar al fútbol y este año su equipo “siga el baile”, que en algún momento también tuvo a Maia de integrante, salió campeón. Dicen que es una gran delantera… ¿o lo que dicen es que tiene una gran delantera? Bueno… quizás digan ambas cosas, y se las merece, ya que para ambas cosas tuvo que hacer algún tipo esfuerzo, para lo primero madrugar los sábados para ir a jugar, para lo segundo... guiño guiño
Las integrantes continuarán en las próximas entradas....
Juanita! la unica manera de disfrutal del sol en el paraiso era en paños menores! besotesss
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