sábado, 9 de abril de 2011

La Dieta

Esta vez les voy a compartir algo diferente...es un cuentito q escribí hace un tiempo ya... pero que aplica a las temáticas del blog femenino... espero q les guste: cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Es un cuentito un poco autobiográfico... Quizás les parezca un poco largo, pero por eso es un cuento, y no una entrada común y corriente... Saludos seguidoras!!


LA DIETA 

Día uno: “Adelgace sin esfuerzo” dice el folleto. A mi criterio, la utopía más grande de todas. En el fondo, sé que es imposible, pero una parte de mi desea creer que es  cierto.  Ingreso al instituto y, luego de llenar unas planillas, me siento a esperar. La sala de espera está cubierta de fotos de mujeres espléndidas, con cuerpos perfectos, que me sonríen desde la pared invitándome a ser feliz como ellas. Estoy segura que si yo tuviera ese cuerpo, mi vida también estaría colmada de alegría.  Sobre todo, podría conseguirme un lindo muchacho, todas ellas parecen tenerlo.
 Todavía no me creo mucho lo de “sin esfuerzo”, pero bueno, quien sabe, quizás la felicidad no sea tan difícil de alcanzar después de todo…

Día dos: Empecé la dieta, estoy  entusiasmada. A la mañana tomé un desayuno abundante, mucho más de lo que estoy acostumbrada. Parece que esto no va a ser tan difícil después de todo. Por el momento no estoy pasando hambre, y, en caso de que eso suceda, tengo muchísimas opciones de diferentes colaciones que me pueden saciar. Si sigo la dieta, y voy a hacerme los masajes reductores dos veces por semana, en poco tiempo puedo estar como las chicas de la foto. Igualmente, empiezo a darme cuenta que el “sin esfuerzo” no incluye la parte económica. Entre los productos light y los masajes la que adelgaza sin esfuerzo es mi billetera.  El color verde se apoderó de mi heladera, adentro  parece un bosque. Como dije, por ahora me está yendo bien, espero que el gasto valga la pena.

Día tres: Hoy me levanté con unas terribles ganas de comer un alfajor. Supongo que pasa siempre. Fue pasando el día y yo seguí cumpliendo con la dieta, pero no puedo quitarme el alfajor de la cabeza. Yo sé que tengo permitidos, pero voy recién por el tercer día … si me como el alfajor ahora,¿ ¡qué me queda para el fin de semana!? Por supuesto, este importante antojo hace que todo el resto de las cosas que podría llegar a comer me parezcan completamente insípidas. Calculo que si llamo a la nutricionista me dirá que de última, puedo comerme un alfajor Ser, pero creo que a esta altura ya deben entender que no me conformaría con eso… yo necesito un alfajor de esos con mucho dulce de leche, un Havanna, o en su defecto un Souchard, aunque creo que lo dejaron de hacer, nunca voy a entender porqué, era el alfajor más rico de todos. 
En fin, todo sea por tener un cuerpo fabuloso. Voy a tener que conformarme con un yogur descremado.

Día cuatro: Estaba convencida que cuando me despertara las ganas de comer un alfajor se habrían ido, pero acá están, firmes. Tuve que almorzar una insignificante ensaladita verde,¿se dan una idea del hambre que tengo? En estos momentos se supone que me puedo comer una barrita de cereal ¿me están jodiendo? ¿en serio creen que con una mísera barra de cereal me voy a quedar conforme? Todo muy lindo con esto de la dieta, la comida sana, el cuerpo perfecto y los hombres que esto arrastrará hacia mí, pero, sinceramente, con el humor que tengo estos días, si los hombres se sienten un poco atraídos basta que se acerquen e intente morderles un brazo para que se vayan igual de rápido. Me doy cuenta que en mi casa no se animan mucho a hablarme, parece que les contesto  ladrando, y lo más triste es que no me doy  cuenta. Todo esto por un estúpido alfajor que se alojó en una zona de mi cerebro, en esa donde se deben acumular los deseos, vaya uno a saber cómo se llama, pero no se quiere ir… hasta lo imagino sentado en su tronito de alfajor, dirigiendo el pequeño reino, impartiendo órdenes a la tira de asado, y las pastas caseras de la abuela, que no tengo duda que se alojan también ahí.
No sé cuánto tiempo más voy a aguantar esta tortura.

Día cinco: Esto ya se está volviendo insoportable. Lo único que veo a mi alrededor son alfajores. Salgo de mi departamento y para colmo, con lo primero que me encuentro, es con el encargado, que, ¿saben cómo se llama? JORGITO. ¡Parece a propósito! En la calle la gente ya cambió de forma, son todos redondos y de color negro, rellenos de una deliciosa mousse, y algunos otros de dulce de leche. Temo que se me arrimen demasiado, porque estoy segura que tiro el tarascón. ¿Será posible que un antojo me psicotice? Creo que estoy alucinando. Esto es gravísimo, todavía no voy ni una semana.

 Día seis: Hoy me levanté decidida. Esto es simple. Si me como el alfajor de una buena vez me saco las ganas y listo, puedo seguir con esto tranquilamente. Ya sé que me cuesta, pero bueno, creo que igual se puede, si extirpo la idea del alfajor. Ya está, ya mismo voy para el kiosco me lo compro y listo. Me lo como  a la noche, así me voy a dormir contenta, y mañana será otro día…

Día siete: Ayer me comí finalmente el alfajor. Qué linda sensación. ¿Cómo pude privarme de darme ese gusto por tantos días? ¿Cómo hacen los flacos? No  puedo entenderlo… ¿serán masoquistas?
Ya se habrán imaginado igualmente que el alfajor no puso fin a mis anhelos, sino que todo lo contrario, ahora tengo más hambre que nunca. Y que nadie se me acerque con una galletita sin sal con un poquito de queso port salut diet, ni con una zanahoria. Esas cosas no quitan el hambre, ¡vamos, no nos mintamos! Si fuera así, ¿tendría yo en este momento estas ganas de comer  una milanesa napolitana con puré? No nos engañemos… la felicidad no viene con los cuerpos perfectos, yo soy más infeliz que nunca, estoy todo el día de mal humor y, si me pongo a pensar, tampoco es que estaba tan excedida de peso, no seré una modelo pero ¿Quién quiere serlo si pasan sus días a base de pastitos y frutas? No tengo un peso riesgoso y estoy bien del colesterol. Me parece que puedo darme el lujo de comer sano dándome gustos de vez en cuando y no llegar a este estado cuasi delirante donde empiezo a personificar a las comidas. Ya lo dije desde el principio, no sé porqué insisto en no escucharme a mí misma…  esto de adelgazar sin esfuerzo era realmente una utopía…. Yo me quedo con el alfajor.